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miércoles, 15 de enero de 2014

Recordando

Y ya no busco donde esconderme, porque en un invierno tus brazos se entrelazaron con los míos y no quise escapar más. Miento, diria otoño. Un otoño perfecto. Bicicleteadas, plaza, época escolar, hojas de árboles por doquier. Mi cabeza se empeñaba en complicarme la vida mientras que mi vida me esperaba en otro corazón: el tuyo.

miércoles, 5 de junio de 2013

(...) Mis héroes son los que puedo admirar a diario. Quisiera saber si es frecuente encontrar al que lucha fomentando la bondadY responde, siempre, con una sonrisa si se presenta una adversidadTengo el placer de compartir mis andanzas con un guerrero, que con su corazón, da batalla. Y en un gesto de alabanza le muestro lo que siento en forma de canción. 
Hay que saber ser flor mientras vuelan guadañazos. (...) Saber ser un ángel en un infierno permanente.
Ojalá que la vida me siga presentando gente con un grado mínimo de tu sensibilidadPara así poder creer que, aún hoy, puede haber honestidad. 
Quienes entienden de lo que estoy hablando saben que este ser, de ojos esmeralda, tiene la capacidad de despertar un desfile de emociones en la espalda. 
(...)
(Hay que saber ser, Salta la Banca)

sábado, 27 de abril de 2013

Todavía confío en el cielo. 
Todavía lo miro y le creo. 
Y él, me ha contado que existe, 
en la tierra, otro paralelo. 

Es el cielo de tus ojos. 

Portador de infinitos colores. 
Ha sabido regalarme soles 
Y sacarme de esta tormenta gris. 

Mi ansiada alegría se ha convertido en hecho. 
No tiene límites este amor: esta locura no tiene techo. 

Todavía me fio del agua. 
Precisa, no se equivoca en nada. 
Y me dice que existe pureza 
Similar a la de su esencia. 


Que la busque, está en tu alma. 
Es entonces que rompo esta coraza 
y dispuesto a jugarme el pellejo 
Dejo que me lleve tu viento. 


Has hecho de esa roca de nuevo un corazón. 
Voy perdiéndome en tu boca. Es así: Soy feliz en tu estación.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Y comenzó el partido. Vale aclarar que los jugadores tardaron el prepararse. Dos años. Sí, dos años. Pero así fue, arrancaba el primer tiempo y los nervios a ella le carcomían la cabeza. Aquel primer tiempo que duró el primer mes. 
Él era el mejor jugador, el que pateaba siempre para adelante, el que pisaba fuerte y que cuando corría jamás miraba hacia atrás. Que si se tropezaba, se levantaba y seguía el partido, sonriendo...disfrutando.
 Él era un jugador de aquellos que van de frente, que atacan si deben hacerlo y que defienden a morir. Era aquellos que atajaban todas, todas las que le venían, dos, tres, cuatro, dieciocho goleadas juntas: ningún gol adentro. Era de los que hacían todo y no se cansaban nunca, de los que seguían siempre...
Ella estaba a la expectativa. Lo miraba desde la tribuna cuando él no se daba cuenta. Ella no veía una competencia: ella veía un juego, en el que él era la ficha más importante. Ella miraba cada pisada suya, intentando copiarla para aprender un poco. Ella sufría cada tropezón y celebraba cada golaso. Ella lo alentaba, en las buenas y en las malas. El alma se le llenaba cada vez que veía la pelota en sus pies, deslizándola, controlándola como a él le parecía...que si la quería a la izquierda la pelota obedecía, que los "caños" le salían por naturaleza.
Aquella pelota que era todo lo que él tenía, su alegría, su seguridad, sus decisiones, su responsabilidad: Todo aquello que él había aprendido a controlar como él quisiera, y que ella tanto admiraba.
Por eso lo observaba cada vez que podía,  por eso lo contemplaba, lo adoraba...
Y en pleno partido, en medio de tantos hinchas alentando por uno, por el otro, que aquel hacia un buen pase...Que las bubucelas llenaban de sonido aquel lugar, en medio de un DT nervioso, en medio de un arco que prometía tanto...
En medio de eso se miraron. Ella lo miró a él y él a ella. Un segundo, un segundo que fue una eternidad...
Y para esto ya era el segundo tiempo, y el once volvió a su eje y comenzó a meter gol tras gol, su vida se volvía una goleada...Y el arco se había vuelto todo aquello que había deseado...y que hoy tocaba con sus manos, disfrutaba con su alma y con su corazón.
Qué grande "El once"! Ganó el partido: La enamoró.